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Inteligencia Artificial agéntica: cómo evoluciona la IA generativa hacia sistemas capaces de actuar

25 agosto 2026


Los avances tecnológicos han ampliado las capacidades de la IA, permitiendo desarrollar sistemas que pueden planificar tareas, utilizar herramientas y ejecutar acciones con distintos grados de autonomía, explicó el profesor Hans Löbel.
Jefe de programa del curso en Inteligencia Artificial Agéntica.

photo_camera Hans Löbel, jefe de programa del Curso en Inteligencia Artificial Agéntica.

La Inteligencia Artificial ha transformado la manera en que se desarrollan procesos de diversa índole, desde la automatización y optimización de tareas hasta la generación de contenido. Sin embargo, los avances recientes han permitido ampliar estas capacidades hacia sistemas que, además de generar respuestas, pueden planificar y ejecutar acciones para alcanzar determinados objetivos.

“La IA agéntica representa un cambio importante respecto de las aplicaciones de IA generativa que hemos usado hasta ahora. En lugar de limitarse a responder una pregunta o generar contenido, un agente puede recibir un objetivo, planificar una secuencia de pasos, utilizar herramientas externas, consultar información y ejecutar acciones para intentar alcanzarlo”, explicó el profesor de los departamentos de Ciencia de la Computación y de Ingeniería de Transporte y Logística de la UC, Hans Löbel.

El académico destacó así la evolución desde sistemas que principalmente “responden” hacia otros que también pueden “hacer”. Esto es posible mediante arquitecturas que integran modelos de IA con capacidades como planificación, memoria, uso de herramientas e interacción con distintos entornos, permitiendo abordar tareas de múltiples pasos.

Sobre esto, el profesor Löbel explicó que la autonomía de estos sistemas no debe entenderse como algo binario. “Un agente puede tener libertad para decidir cómo resolver una tarea, pero requerir autorización antes de ejecutar determinadas acciones, y otro puede operar de manera prácticamente independiente dentro de un entorno muy acotado. Por eso, más que preguntarnos si debe ser autónomo o no, debemos decidir qué decisiones puede tomar, a qué información y herramientas puede acceder y en qué puntos debe intervenir una persona”, señaló.

Aunque aclaró que entregar una mayor grado de independencia solo debería hacerse cuando las consecuencias de un eventual error puedan acotarse. “Para acciones de bajo riesgo, una autonomía alta puede ser muy útil, pero cuando hay consecuencias financieras, legales, de seguridad o difíciles de revertir, la supervisión humana sigue siendo fundamental”, añadió.

El desafío, entonces, no consiste únicamente en otorgar autonomía, sino en delimitar el espacio en que estos sistemas pueden actuar, manteniendo la trazabilidad de sus acciones e incorporando mecanismos de validación y supervisión humana cuando corresponda. “En muchos casos, el sistema más útil no será el más sofisticado, sino aquel que encuentre el equilibrio adecuado entre automatización, control y riesgo”, sostuvo.


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